El consumo de carne en nuestra cultura y en nuestro ámbito económico, geográfico y social, ha sido siempre un elemento de prestigio social y de celebración extraordinaria. Todos recordamos muchas de estas circunstancias a corto plazo: alguna parrillada con los amigos o la familia, el típico pollo asado de los domingos, la fiesta de la matanza del cerdo, el pavo de Navidad...
La incorporación de carne a la dieta habitual, formando parte de la alimentación diaria, es un hecho bastante reciente y hasta hace poco tiempo era un privilegio de las clases más ricas.











